Y no era el corazón. Después de ver muchos doctores y darse cuenta de que su diagnóstico personal estaba errado para el mundo científico, la receta incluía un antiinflamatorio y un nombre imposible de descifrar tal como lo es la osteocondritis. Finalemente se dió cuenta de que no sólo las espinas se clavan en el corazón, sino que también las costillas.